Difundiendo la cultura venezolana |
| Edicson Ruiz |
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El inicioEl inicioCuando apenas tenía nueve años de edad, el caraqueño Edicson Ruiz se inició en flauta dulce. Luego a los once años ingresa al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, donde fue seducido por el contrabajo. Desde entonces, ha dedicado su vida entera al estudio y perfeccionamiento de la técnica. A los diecisiete, obtuvo la titularidad como contrabajista de la Filarmónica de Berlín, espacio que ha mantenido a lo largo de los últimos seis años. Con una sonrisa que pocas veces se desdibuja de su rostro, Edicson Ruiz cuenta su inicio como músico: una presentación de gala en 1994, a diferencia de las grandes historias musicales, el debut de Edicson fue en el balcón de un apartamento caraqueño. Él y su flauta tuvieron como público montones de edificios, el Ávila y como acompañante la sinfonía caótica de la ciudad capital: Entoné las notas del Himno Nacional con toda mi fuerza, para que me escucharan las morochas que vivían enfrente, aseguró con orgullo. La evoluciónLa evoluciónLa música clásica nunca me gustó, más bien me parecía aburrida. Las imágenes del director haciendo movimientos raros, casi de autista, durante más de dos horas. Nunca me pareció algo racional, comenta entre risas el joven músico. Asegura que comenzó en las orquestas en obediencia a su madre, quien lo obligó a intentarlo. Su primera incursión en la música fue a los nueve años, cuando ingresó a una coral que funcionaba en la Plaza Morelos (Caracas), allí también tocó flauta dulce. Ya tenía una pequeña noción. En la casa donde vivía en La Candelaria, me paraba en el balcón con mi flauta a tocar el Himno Nacional y me sentía muy bien, fuerte. Tocaba durísimo, mal, desafinado, como fuera, pero sentía energía. Esa fue la primera experiencia -en el escenario- que tuve, recuerda Edicson. Dos años más tarde su madre se entera del Sistema de Orquestas y lo lleva. Para el joven no era opción negarse a entrar a las orquestas: Mi mamá me llevó obligado y me dijo "te metes y si no te gusta, te sales". Cuando fui me di cuenta de que se trataba de algo divertido, más que de algo académico, afirma convencido. Luego de comenzar por presión, la música clásica se convirtió en el sentido y guía de vida para Edicson. El compromisoEl compromisoA los 11 años comenzaste por obligación, ¿cuándo se convirtió en algo divertido? Enseguida. De entrada no me llamó la atención el contrabajo, me pareció una cosa rara y puse como opciones violín, viola y flauta; luego de las evaluaciones, me dieron la viola, pero no me identifique con el instrumento, fue algo ajeno. En el primer ensayo no teníamos instrumentos, sólo había contrabajo. Era el único sonido que se apreciaba y venía del suelo arropando la sala entera. Ese sonido me conmovió y sentí la fuerza que transmitía. Cuando lo toco, siento el poder de la octava grave de Schönberg o Beethoven, que es oscuro, no soy amante de lo oscuro, pero es la sensación que me despierta, seduce y domina. ¿Hoy tienes la misma sensación al tocar? Todo el tiempo. Ahora me enfoco más como solista, estudio constantemente mis obras. Eso ya es parte de una voz cantante, o declamado, no es tan oscuro como en la orquesta que es un movimiento similar a una sombra, a una película de terror -simula el sonido con voz ronca-. Esa es la octava grave que todos buscamos. ¿Si no hubieses entrado al Sistema Nacional de Orquestas crees que hubieses explotado las habilidades musicales que tienes? No lo sé. La música es algo que veo mágico. Es un fenómeno. No puedes decirle a un rayo cae ahora, así es la música, se puede dar en alguien con muchas condiciones y no se puede dar. En ese particular le doy muchas gracias al Maestro Abreu, que se dio semejante tarea con bastante pedagogía y método autóctono, calculador y visionario, porque ha introducido esa semilla de la música en nosotros, los jovencitos rurales que no tenemos esa cultura de música clásica. Él la supo sembrar y ahora está dando frutos. Algo másAlgo másAlgo más que contrabajista de OrquestaEn su continua búsqueda de vivir intensamente la música, Edicson toma caminos alternos. Actualmente, se concentra en la figura de solista: Estoy luchando contra la realidad de un instrumento que nunca ha sido solista, pero que lo puede ser, dice convencido. Las motivaciones de Edicson se nutren día a día. Insiste en que hay cosas maravillosas escritas para contrabajo de Mozart, por ejemplo, son obras grandiosas que estoy utilizando para explotar mis cualidades. También incursiona en el mundo de los ensambles. En 2003 formó el quinteto "Bolívar Soloists" junto a dos venezolanos y dos británicos, en el que interpreta música clásica latinoamericana, pero asegura que ésta no es su prioridad, sino hacer música. No importa con quién o dónde lo haga, por eso me presento en Venezuela, Suiza, Francia, Alemania, en todas partes. Donde pueda, en conciertos con la Orquesta en Estados Unidos, Japón; recitales en Italia, Portugal; como solista también, acota. Adicional a sus numerosas presentaciones, el contrabajista venezolano que brilla en Berlín, no se limita a estudiar e interpretar partituras. Por iniciativa propia, profundizó sus conocimientos sobre los grandes compositores; señala que su enorme curiosidad y deseo de tener al compositor al lado es lo que lo ha impulsado: Comencé a descifrar quiénes eran los compositores, cómo vivieron en su tiempo, cómo era su posición social, cuáles eran sus obstáculos, cómo era de admirada su música. Desde ese punto de vista y con las enseñanzas de los más grandes de esos períodos de la música que investigo, empecé a hacerme un concepto. Si uno se deja guiar por una versión que un contrabajista hizo, no estás teniendo la esencia del compositor, asegura. ¿Con cuál compositor te identificas más? Disfruto a cada compositor de manera intensa. Como solista la música contemporánea me inspira mucho, igual que cualquier compositor de la época clásica, o de la romántica; los disfruto a todos en grande y desde el alma. ¿No tienes favorito? En la orquesta, sí. Cuando toco el bajo melódico, armónico, Mozart es el más grande. Ese famoso diálogo entre chelos bajos segundos es algo orgásmico. Cómo el bajo armónico y violines segundos responden de una manera celestial en toda la obra de Mozart es el manjar; mi cocktail, mi postre, los pasajes oscuros. Es lo máximo, ha sido lo más grande que he vivido como intérprete. SoñarLas desventajas son para quienes no sueñan Ni el cansancio, ni las equivocaciones vencen a Edicson. Lucha constantemente para mejorar y alcanzar la excelencia en el instrumento que interpreta. Se dedica a diario a estudiar y buscar la manera de dedicarse al ejercicio de solista. Recuerdo que desde niño he cambiado continuamente, todos los meses, desde la posición en la que agarro el instrumento. He tratado de descubrir cosas nuevas y mejorar. Afortunadamente, todos los sacrificios que he hecho se han visto revertidos, me han demostrado que no estoy perdiendo el tiempo. Pienso que toda la vida es una evolución, hay que luchar para corregir y aprender cada vez más. Lo que le pido a Dios es que no me deje caer en el pesimismo, dice con emoción. Aunque sus presentaciones suman alrededor de cuatrocientas, en total, asegura que todas han sido importantes, sin desestimar ninguna: Sería mezquino e insolente sacar una de ellas. Todas las veces que me presento las disfruto porque son una lucha por medalla de oro, siempre persigo la excelencia, por eso han sido tan mágicas, llenas de esa esencia de búsqueda de la perfección, no tanto a nivel de técnica sino espiritual. Un concierto no es nada, lo trascendente es el trabajo y lo que quiero transmitir al público y a la sociedad contrabajista con el repertorio. Pero no es tan difícil rememorar los malos momentos: Lo peor siempre ha sido equivocarme. Hace muchos años me dirigía Igor Lanz. Me perdí de una manera desastrosa y era el único contrabajo con cuatro chelos. Estaba totalmente desfasado, no hallaba qué hacer. Seguía haciendo la mímica de que tocaba, fue algo terrible para mi vergüenza. Fingí tres minutos aproximadamente, fue algo atroz. Edicson Ruiz señala que el empeño y constancia son las herramientas que lo han llevado a donde está hoy y sentencia que las desventajas están para quienes no tienen sueños, no pueden surgir. Insiste en que a pesar de tener una agenda llena de giras, ensayos, clases y otras ocupaciones, él no lo asume como una obligación, ni un trabajo, sino como el centro de su vida, su pasión. Es un reto bellísimo, donde se presenta una enorme oportunidad de desarrollar virtudes para convivir con tantas personas. Esto se logra con esmero, esfuerzo, disciplina. El aprendizaje de la coexistencia es la fidelidad, el respeto, comenta convencido. BerlínLa titularidad en Berlín es irrelevante, la música es lo primordial Desde 2001, Edicson es titular como contrabajista de la Filarmónica de Berlín, una de las orquestas con mayor reconocimiento a nivel internacional. Al respecto, comenta: Fue una locura, demasiado temprano. Al principio fue duro. No me trataban como a un niño, sino como al profesional que debe tocar para que suene como debe ser. El nivel de exigencia es muy alto, no importa que mejores, sino que lo hagas como se espera. Es un choque realmente positivo, pero no el más agradable, siempre buscamos conformismo, no estamos acostumbrados a la exigencia por la excelencia. Esta etapa en Berlín y tus aspiraciones como solista, ¿marcan la ruptura con el Sistema de Orquestas? No. Pienso que sí ha habido un quiebre por la fuerte actividad orquestal en Berlín. Por esto no me dedico como músico de orquesta aquí. Pero igual hago música de cámara con la Sinfónica, no participo en los ensayos, pero me presento constantemente, vengo a dar clases, la Academia Latinoamericana de Contrabajos y la venezolana están completamente renovadas con los materiales y manuscritos que he obtenido en Alemania para el instrumento. Pienso que es mi aporte para Venezuela, gracias a Dios está la Orquesta. La titularidad en Berlín es irrelevante, la música es lo primordial ¿Qué más piensas aportar como músico? Particularmente con el venezolano quisiera compartir las virtudes que están tras la música. Es evidente que la mentalidad de un músico nunca va a ser igual a la de un transeúnte de otra profesión. Es otro sentir, otras reacciones sin control, no artísticamente, ni en armonía con la naturaleza, con el Ávila, con la playa; sino que estamos rodeados de otra naturaleza que nos invade. ¿Qué significa que compositores internacionales se acerquen a ti para componer obras para contrabajo y además tengas el beneficio de estrenarlas? Pienso que la música es un lenguaje, por eso no me gusta hacer un recital con dos obras, sino con seis o siete, breves pero capaces de llevar un mensaje. Lo que más me gusta de que me escriban es que siempre va a tener una inyección de energía y ánimo para seguir estudiando. Más alláMás alláMás allá del instrumento y el intérpreteEl apoyo de su madre ha sido de gran valor para su avance. Confiesa que al igual que a ella, le cuesta emprender tantos viajes: El día antes de montarme en un avión le pido perdón a Dios por todo lo malo que he hecho, que llegue con bien. Siempre siento que es la primera vez, la experiencia de viajar es totalmente nueva. Con énfasis, resalta que tocar el contrabajo no es un trabajo, ni una obligación: Para mi, tocar siempre ha sido la oportunidad de mejorar; por eso los momentos en los que me ha tocado encerrarme a estudiar, no tener vacaciones, no ha sido trabajo, sino diversión, porque si para mi esto hubiese sido un trabajo ya lo hubiese cambiado por otro que de más dinero. Nunca tuve problema en ese sentido comparte complacido. Para distraerse, Edicson busca descargar y no sentirse comprometido, desconectarse de la música. Descubrió un nuevo interés: Hace poco le regalaron una planta a mamá, disfruto mucho regándola, ver cómo crece. Me gusta mucho la naturaleza. Pero no puede escoger una en particular: No tengo flor favorita, prefiero un jardín multicolor. Aunque ha tenido la oportunidad de presentarse Japón, China, Corea, Taiwán, toda Europa, Estados Unidos y parte de Latinoamérica, tiene gran arraigo por su tierra natal: Venezuela ha sido siempre un país mágico, en constante movimiento. La diferencia entre esta tierra y Europa es la comodidad de desenvolverte, el contacto con las personas. Allá vives en la presentación, en el autobús; no como aquí con el panadero, la del abasto, los niños jugando abajo, el vecino que no te deja dormir con el volumen de la música. Allá es bastante perfecto, el ejercicio musical se respeta; pero no siempre lo perfecto da la felicidad.
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